
De las Prisiones de Hielo
En algún momento, todos estamos atrapados entre paredes de hielo cristalino. Constantemente podemos ver el mundo que nos rodea levemente distorsionado, como un cántico en una habitación vacía.
La resonancia de tu ser, la esencia encerrada de tu voluntad busca a través del hielo un mundo que comprender. Sin embargo, no es sencillo.
A veces una pequeña distorsión, producida por el reflejo de la luz en la helada superfície, puede ennublar tu juicio, y a veces las aguas más claras parecer turbias al remover la arena que conforma la vacua esperanza en una epopeya que será olvidada por los demás.
¿Cómo salir indemne de tu propio mundo? Es el lugar que controlas, donde no importa más que tu. Dónde tu egoismo es tu felicidad. Pero el ser humano siempre tiende a más, ansía más.
No es suficiente un frío mundo controlado. Necesitamos saber que es el calor incluso después de quemarnos, necesitamos salir del largo confinamiento, abandonar nuestra auto-impuesta prisión.
Sin temer a las cicatrices futuras, olvidando las pasadas.
De eso se trata avanzar, de eso se trata el valor. Así que sin más, esta vez romperé el hielo. Esperando ser tu ejemplo, resquebrajaré mi mundo forjado en el dolor y la oscuridad, para librar una batalla más. Volviendo a salir herido sin duda tarde o temprano.
Pero eso no debe causarnos temor, pues el dolor forma parte de la vida. Y debemos tener constancia de que lo que es agua en primavera, verano y otoño, se volverá de nuevo hielo en invierno.
Y aunque quieras pensar que no, el invierno siempre llega.
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