
Algún día, tarde o temprano, el viajero deberá volver a la carretera. Es mi momento ahora. Este momento, así como todos los demás de sufrimiento, son los que debiera amar, aprovechar y atesorar.
¡Masoquista es el que este cuento cuenta! Autodestructiva intención motiva mis pasos, sentir el fin cerca, el halito de la muerte en un indeterminado lugar de los alrededores, el frio del eterno descanso relampagueando de dedo a dedo, sensación que de habitual hace estremecer.
Oh, bendito horror.
Insaciable furcia es el destino, y cual cerda revolviéndose en el fango, se revuelve en tu desgracia. Disfrutando todas y cada una de tus caídas. Ansiando más.
Por eso es momento de no caer. De ser mas fuerte, de no darle placer la sucia y falsa dama fortuna.
Es hora de tomar la carretera, de seguir el sendero oscuro. Y seguir ese camino del cual la luz huye sin reparar en los vehículos que ofrecen llevarte a la siguiente ciudad. Sin escuchar el rumor de los árboles, riéndose de tu desdicha… ¡Pues de otra forma que harías andando ese camino!
La sonrisa de un niño o dos ardillas revoloteando, enternecen los corazones simples y complacientes. Mas no tan simple es la vida, el cauce del río debe continuar, ¡El show debe continuar!
Pero no como la reina desea.
La magna obra de su majestad debe ser vulnerada y modificada sin previo aviso, pues de gustar, gustará por lo menos a más de una persona.
Por estas reflexiones merece la pena andar la maltrecha carretera, que por supuesto todos o hemos andado ya… o no tardaremos en probar.
Tanto si hemos reparado en ello como si no.