jueves, 20 de octubre de 2011

De sueños y pesadillas



De sueños y pesadillas

Entonces sucede.

A veces habrás oído hablar de ello, quizás no. Es como volver a nacer, solo que esta vez eres suficientemente mayor como para recordarlo.

Tras un brillante destello de luz todo parece tener un nuevo color, un nuevo olor... ¡las fresas no saben a fresa!

Ahí se encuentra un árbol, pero es un árbol loco, este árbol canta. ¿Donde has visto árboles cantar? ¿Y ruiseñores jugando al ajedrez?

En ningún lugar.

Avanzando por el bosque éste se allana y extiende en una infinita campiña verde, como esmeralda pura. Y caminas y caminas sin rumbo, porque no importa el destino si no el viaje en si.

Y de golpe empieza a llover, pero no es agua lo que cae del cielo, son lágrimas de angelitos. Ellos están tristes porque este no es tu lugar, y aunque aquí todo te es fácil y parece maravilloso... simplemente sobra.

Pero te olvidas de la situación al ver una ardilla en bicicleta ¡Y que más da si este no es mi lugar! Feliz soy aquí.

Espera... ¡Hay algo en la lejanía!

¿Otra sorpresa?

Encima la única y solitaria colina de la eternidad vestida de verde hay una mesa, alguien prepara una cena, una fiesta tal vez. Y todos son gente que quieres, todos te rodean al verte llegar.

Sonrisas, sonrisas, aullidos, gritos, lamentos.

Todo se vuelve oscuro, todo pierde su luz. El cielo se encapota, la hierba se reseca, ocres y resquemados parecen los antaño verdes campos. Las manzanas encima de la mesa, pochas, son el nuevo hogar de gusanos.

El mundo se vuelve pasto de las llamas.

Y entonces despiertas y ves con dificultad, a pesar de que tus párpados intenten reclamarte para el sueño otra vez, que el encapotado cielo no es más que tu techo, tu techo conocido.

El techo que se quemó treinta años atrás y por el cual recibiste un sustancioso descuento en el alquiler. Mirando a lado y lado empiezas a recordar quién eres y que clase de vida llevas.

En la mesilla de noche yace una jeringuilla muerta, al lado de un platito con algodón sucio, quizás aún mojado, y ves como por tus sucias sábanas se pasean unas cucarachas que te apresuras en apartar.

Recuerdas entonces cual es tu lugar en el mundo y lloras. Lloras durante horas, tantas horas que acabas perdiendo la noción del tiempo. Y entonces empiezas a gritar de tal forma que acabas con la vida de todo el que te escuche, cual maldita banshee reclamando el alma de un hombre de bien.

Y tras llorar, gritar y auto-complacerte en un oscuro rincón, te das cuenta de la realidad que te rodea. Estás triste.

Y estás solo. Y nadie te quiere. Y no quieres a nadie. Y...

Vuelves a abrir los ojos.

Buenos días, cariño. ¿A qué viene esa cara? ¿Todo bien?

Solo... una pesadilla.

Y para cerrar el telón, un beso y a dormir.




Imagen por Hada del Lago

lunes, 10 de octubre de 2011

Demasiado jóvenes



Demasiado Jóvenes

Y diremos luego que como niños se nos trata... ¡Si por lo más alto no llegamos a cachorros!

Tras horrorosas horas de insufrible ceguera, mi visión consigue por fin la nitidez, delante mío un sinuoso río que siempre avanza. Un sinuoso río que... ¡Joder como avanza!

Tumbado en el bosque, mordiendo el polvo ansiando beber del río aunque sin poder moverme, reflexiono al fin que la pureza de la visión presentada era una vil mentira. Una falsedad exhibida por cerdos vestidos de armani, que ignoran más allá de su follaje.

¿Que mañana me legáis, degenerados? ¿O tendré que escuchar otra de vuestras baladas sin sentido? ¿Quizás de esas cantada por ángeles caídos amantes del averno?

Antes de atreveros a insultarme con vuestra existencia guardad las piedras, guardadlas bien en una fortaleza, una fortaleza custodiada por seres abisales, por los dragones que asolan vuestras pesadillas que olvidáis al despertar entre mullidos cojines.

Y tirad la llave.

Oh si, tirad la llave.

Tirad la llave al volcán más ardiente, al foso de alquitrán más oscuro, pero deshaceos de ella, ¡Que cueste eternidades encontrarla!

Así no habrá tiempo para esconder la mano.

Pues parece que eso es vuestro motor, vuestro modus operandi.

Reniego de todos y cada uno de vosotros.

Me siento rodeado de infame escoria, amantes de la necedad, zafios mendigos que ansían el pan considerando su materia prima la cocaína en vez del cereal.

Por desgracia aún no sabéis andar, sois demasiado jóvenes, y hasta que aprendáis no necesitaréis zapatos.

Y eso implica la decadencia del zapatero que solo pretende ayudaros a trasegar.


Imagen por eyelovegod

lunes, 2 de mayo de 2011

Hacer Camino


Hacer Camino

Algún día, tarde o temprano, el viajero deberá volver a la carretera. Es mi momento ahora. Este momento, así como todos los demás de sufrimiento, son los que debiera amar, aprovechar y atesorar.

¡Masoquista es el que este cuento cuenta! Autodestructiva intención motiva mis pasos, sentir el fin cerca, el halito de la muerte en un indeterminado lugar de los alrededores, el frio del eterno descanso relampagueando de dedo a dedo, sensación que de habitual hace estremecer.

Oh, bendito horror.

Insaciable furcia es el destino, y cual cerda revolviéndose en el fango, se revuelve en tu desgracia. Disfrutando todas y cada una de tus caídas. Ansiando más.

Por eso es momento de no caer. De ser mas fuerte, de no darle placer la sucia y falsa dama fortuna.

Es hora de tomar la carretera, de seguir el sendero oscuro. Y seguir ese camino del cual la luz huye sin reparar en los vehículos que ofrecen llevarte a la siguiente ciudad. Sin escuchar el rumor de los árboles, riéndose de tu desdicha… ¡Pues de otra forma que harías andando ese camino!

La sonrisa de un niño o dos ardillas revoloteando, enternecen los corazones simples y complacientes. Mas no tan simple es la vida, el cauce del río debe continuar, ¡El show debe continuar!

Pero no como la reina desea.

La magna obra de su majestad debe ser vulnerada y modificada sin previo aviso, pues de gustar, gustará por lo menos a más de una persona.

Por estas reflexiones merece la pena andar la maltrecha carretera, que por supuesto todos o hemos andado ya… o no tardaremos en probar.

Tanto si hemos reparado en ello como si no.

domingo, 27 de febrero de 2011

¿Qué Ocurre?


¿Qué Ocurre?

¿Qué ocurre, amigo?

En el fondo de tu corazón siempre has sabido que querías hacer algo grande. Siempre has querido marcar a fuego tu recuerdo en la memoria de las eras, de hacer algo decisivo, algo que marcara la diferencia.

El antes y después de tu advenimiento al mundo.

Pero con el inexorable paso del tiempo, imparcial e imposible de contradecir, te das cuenta que todo en lo que habías tenido fe no era más que una cortina de humo. Con el disfraz de una preciosa nube de verano esta cortina de maloliente humo resulta ser tóxica.

Es tóxica para cualquiera que ama la verdad, y para el que cree en el ser humano. También es tóxica para quien se esfuerza y sobretodo para quien es justo.

Creí una vez en la verdad y fui apartado por las mentes complacientes, y sin embargo, no me convertí en un mentiroso. Entonces, como el que no escarmienta, creí en la justicia... hasta que impedir un crimen se convirtió en crimen.

Y en la moral aparece entonces una encrucijada de caminos. ¿Son mis acciones realmente las que deseo? ¿No habrán inculcado en mi una tabla de valores que me convierta en una persona justa y bondadosa?

¿Y si mi naturaleza es el mal?

Coacciono mi raciocinio con una auto-impuesta penitencia. ¿Para que otorgarle al sediento enemigo agua de tu pozo? ¿Para que curar a un herido sin obtener nada a cambio?

Mi naturaleza debiera crecer de la mano del odio y el daño ajeno. Destrozar ilusiones, hundir mentes y sobretodo hacer llorar.

Eso es lo que hacéis, humanos, a pesar de todas las restricciones sociales que inventáis para evitarlo y a menudo tan solo para disimularlo, sin esforzaros en negar vuestro comportamiento vil.

Al final todo se reduce a eso.

Todo acaba en una verdad fácilmente deducible:

El Ocaso de la humanidad.

domingo, 13 de febrero de 2011

Castillo de Naipes

Castillo de Naipes

Me pregunto porque la vida no venía con manual de instrucciones.

Solucionados quedarían todos los problemas, los quebraderos de cabeza.

Nunca fui una persona normal, lo reconozco, y eso conlleva buena y mala estrella. Aunque invisibles mis virtudes, a la vista saltan mis defectos. ¿Quién podría esconder cincuenta elefantes detrás de un ratón?

¿Quién se atrevería a desafiar un Imperio cuando se carece de ojos, lengua, brazos y piernas?

Un barco hundiéndose usurpa el protagonismo a un millón surcando el mar.

Como el lunático que intenta montar castillos de naipes una aburrida tarde de domingo, me encuentro intentando conformar mi propio castillo, símbolo y herencia de mi paso por la existencia. Con esfuerzo carta a carta, reestructurando la composición de piezas cuando éstas no encajan, cambiando los sueños que no cuajan, intento evocar mi legado a este mundo.

Viciosa vanidad.

Tal vez buscando la delirante ilusión humanista que es la felicidad, un concepto complejo y simple, diferente para cada entidad. Quizás buscando una estructura de naipes que defina cual es mi realidad.

Sin embargo endeble es lo que tanto cuesta forjar, incluso el más inocente suspiro de alivio pudiera tumbar la magna obra a la que has dedicado tu ser, a la que te has entregado sin condiciones.

Un simple error, la ausencia de una tuerca, puede dejarte deudor. Deudor de una deuda que tal vez no reclama sangre y tal vez no reclama sacrificio, pero exige lo que más amas en este mundo.

Y sea lo que sea, por lo que entregarías mil veces tu vida, sabes que es irreemplazable, como si conocedor de tu pesar, guardara espera en algún lugar de tu corazón.

Irrisoria es la fragilidad con la que se sostiene tu castillo, pero no menos que la fragilidad de aquello que verdaderamente te importa.

Qué frágil es el cristal fino, y qué frágil es una hoja seca.

Y por desgracia qué frágil es la vida, que a menudo por estupidez quiebra, quiebra y quiebra.