martes, 28 de diciembre de 2010

Hilo Rojo del Destino


Hilo Rojo del Destino

Existe la creencia de que un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse a pesar del tiempo, del lugar y de las circunstancias. El hilo puede enredarse o tensarse, pero jamás, bajo ningún concepto, podrá romperse.

Lejos pueden estar los dos extremos del hilo, iniciado y acabado en el meñique de dos personas iguales o diferentes, conocidas o desconocidas, que irremediablemente están destinadas.

Ante esa creencia me quito yo el sombrero. Adoras esa ilusión de tener un destino, una razón de existencia, una sonata definida que aunque ineludible, deja un dulce sabor a futuros recuerdos, atesorados antes de acaecer con una relajada sonrisa en los labios de propina.

¡Pero qué cómoda es la vida en los laureles! ¿Qué se ha hecho del libre albedrío? ¿En serio quieres sentir que tu vida es una mentira tal y como la percibes? ¿Qué la única verdad a tener en cuenta es la que el destino ha elegido para ti?

Como reza el dicho, el futuro no está escrito en piedra. Y eso es porque podemos elegir, podemos elegir qué camino tomar al volver a casa, podemos elegir también qué rumbo tomará nuestra vida académica, podemos decidir si preferimos un perro a un gato y podemos decidir también donde vivir.

¡Y con tanta elección uno se vuelve loco! Me pregunto yo si el mundo ha sucumbido a esta locura, o la locura es no sucumbir a la misma. De haberme vuelto loco, ¡Atesoraría entonces mi locura!

En cuanto a elecciones ante ti se difumina un abanico prácticamente infinito de posibilidades... y sin embargo una se resiste, y eso te carcome.

Una sola cosa, la misma que ha hecho correr ríos de tinta... y sangre en ocasiones, la misma que ha inspirado obras de arte hoy reconocidas como maestras, una cosa que ha perdurado a lo largo de los siglos. La misma que nos mantiene despiertos por las noches y tantos pensamientos nos hace dedicarle.

Y esa elección, esa decisión que se resiste es fácil de deducir.

Nadie puede elegir sus sentimientos cuando éstos son reales y sinceros.

Sin embargo, con esto no hago más que preguntarme:

Si ésta es la verdad tras la creencia del hilo rojo...

O solo soy un triste soñador.

lunes, 13 de diciembre de 2010

¿Te Apetece Jugar?


¿Te Apetece Jugar?

¿Qué es la vida si no una partida de ajedrez?

La victoria, el sueño de coronar la cima, metas y fines definidos por medios a cada cual más variopinto. Algunos efectivos, otros de dudosa consistencia.

Y si yo te pregunto si lo comprendes, me dirás que soy yo quién no lo comprende. Sin embargo mal movimiento has hecho, pues tu alfil es ahora mío.

La esperanza, la fe en uno mismo como motor vital que impulsa los latidos del corazón, incluso cuando este desfallece.

Y si yo te pregunto si debe restar siempre, me dirás que nada queda tras la última gota. Y sin duda otro mal movimiento ha sido realizado, tus soldados están nerviosos, reflejos de tu poca esperanza tal vez, pues tu caballo ha sido brutalmente asesinado.

Los sentimientos, lo que nos convierte en humanos, buenos y malos, irresistibles e irrealizables algunos. Fuente de sensaciones fuertes pero lejanas.

Y si yo te pregunto que diablos sientes como hablar con una pared será, dueño de tu mismo eres me dirás, no esclavo de tus pasiones. Y a pesar de tus sensatas palabras un punto estratégico ha caído. Desmoronándose, tu Torre conquistada.

¿Qué nos depara el destino? El Futuro, turbulento, caótico, irrisorio. ¡Qué vergüenza no poder dominar tus propios pasos! La aleatoriedad en el más puro estado.

Y si yo te digo que me preocupa, necio me llamarás, tal vez con cierta ira, natural al perder un reino. Pero la ira no es buena compañera de juego, ni la impaciencia. Pronto, tu reina es reducida y eliminada.

¡Rayos y centellas!

Nunca pareció tan fácil, derrocado un rey, derrocado un reino.

¿Y qué sentido ha tenido?

Ahora empiezas a preguntarte, con la muerte a tus puertas.

¿Ansías la victoria? ¿Te resta esperanza? ¿Sientes algo acaso? ¿Conoces tu destino?

Y si yo te pregunto, nada te queda por decir.

Con tenue voz me queda sentenciar: Jaque Mate.

Y adiós.

domingo, 5 de diciembre de 2010

¿En qué crees?


¿En qué crees?

¿A qué vienen esas miradas?

Llamadme alcohólico a mi, que enjuago mis entrañas con la divina esencia que ofrece la destilación, ¿Pero acaso no sois vosotros alcohólicos de la maldad?

"Beber es huir de los problemas", unos dirán. "Cobarde es quién huye de la realidad", otros afirmarán.

¿Pero quién os creéis que sois? ¿Quién diablos os ha dado ese orgullo, ególatras amasijos de carne? No sois más que la escoria de una casualidad, tristes animales a dos patas, el legado de la corrupción en el mundo, ciegos ante el sufrimiento ajeno, y sin embargo andáis por donde fuere creyéndoos los absolutos amos y señores de la creación.

Por eso yo os odio.

¿Creéis que yo tengo un problema?

No, amigos, yo no tengo un problema.

El problema lo tenéis vosotros con vuestros negros corazones, vuestros oscuros pensamientos fruto de una naturaleza ruin, muy lejos de la que en un principio fue. Todos los ideales que os ennoblecen quedaron atrás, atrapados en un espejo roto y distorsionado.

Si bebo es por vuestra culpa, porque no puedo aguantar el mundo corrupto que habéis creado. Ni a vosotros, malditos humanos egocéntricos que habitáis en él.

Algún día lejano, en vuestro lecho de muerte, veréis una figura.

Un hombre agarrado a una botella de whisky que os mira fijamente. Un hombre agarrado a una botella de whisky que se os acerca. Un hombre agarrado a una botella de whisky que os susurrará las últimas palabras que escucharéis en este mundo.

"¿En qué crees, pobre diablo?"