Hans era un tipo normal
Hans era un tipo normal. Muy normal. Incluso extremadamente normal. Cada mañana se levantaba a las ocho en punto y su ritual matutino rara vez cambiaba. Primo ponía el pie derecho en la moqueta y luego el izquierdo. Por alguna razón pensaba que si no lo hacía así tendría un día horrible, como sucedió cierto lunes de 1987 cuando no lo hizo y sucedió en Wall Street el llamado Lunes Negro.
Continuaba su rutina golpeándose suavemente las mejillas para asustar al sueño, costumbre que tomó de niño para llegar antes que sus hermanos a desayunar y conseguir extra de sirope en sus tortitas que dos de cada tres veces no estaban congeladas.
En la universidad tomó la costumbre también de acompañar sus primeros minutos del día en tomar un buen café y hacer los crucigramas del periódico del día anterior. Lo miraras por donde lo miraras, Hans era un tipo normal.
Hans levantó la nariz de sus crucigramas para mirar de nuevo su ordenador. Aunque hacía un par de semanas que lo había adquirido aún no sabía como funcionaba y sin saber cómo había activado una opción que provocaba que su ordenador dijera por los altavoces todo lo que tecleaba, usaba y escribía. Por algún motivo eso le irritaba más de lo que debería, pero su recién adquirida tradición le requería un esfuerzo por su parte para enfrentarse de nuevo al diabólico ingenio tecnológico.
Se acercó cauteloso, casi con gracia felina y lo encendió.
CAMPO DE CONTRASEÑA - dijo la sinuosa voz de una mujer que parecía ya anciana.
Hans se rascó la cabeza dubitativo.
G. A. T. I. T. O. S. - fue deletreando la misma voz.
Era notorio el enfado del pobre hombre.
ABRIENDO NAVEGADOR.
Resopló con sorna.
WWW.YOUTUBE.COM
Un antiguo compañero de trabajo le envió un clásico powerpoint de gatos hacía unos días y a raíz de ello descubrió esa maravillosa página que rebosaba vídeos de gatos entre otras cosas sin importancia.
Buscó la palabra clave en el buscador y esperó con las manos juntas y los índices levantados sellando sus labios. Aunque sus ojos brillaban con cada visionado, no encontraba uno que no hubiera visto y eso le entristecía.
Finalmente, tras minutos de búsqueda infructuosa se le apareció un vídeo de cierto gatito de ojos azules maullando la sintonía de Juego de Tronos y por alguna razón más allá de su comprensión algo se activó en su cerebro, empezando con una risa quebrada y acabando en carcajada limpia.
Las risas, la endeble silla y sus manos unidas le pasaron factura dejándolo de espaldas al suelo con los índices apuntando al cielo.
Y en ese momento pudo ver con suma claridad como un pequeño felino de un color atigrado emanaba de la punta de sus dedos y con una preciosa parábola acababa aterrizando en su cara.
¿Acaso era posible materializar gatos de la punta de los dedos? ¿Su café había sido mancillado con alguna substancia que él no esperaba? ¿Se habría vuelto loco?
Hans era un tipo normal y la sola idea de tener tal poder le asustaba.
Mientras su pequeño huésped abandonaba la cocina, el pobre Hans se quedó observando sus dedos índice y dubitativo apuntó a las cortinas.
Recordó cierta imagen de un gato disparando al son de "pew pew" y casi con miedo separó sus labios.
- Pew... pew - susurró.
De nuevo el milagro sucedió y esta vez un diminuto gato de angora de un blanco puro salió disparado a una velocidad increíble con fatídicos resultados: El desgarramiento parcial de las cortinas Blekviva que había comprado en Ikea el mes pasado.
No sabría decir si Hans, ese hombre extraordinariamente normal, estaba sorprendido, alucinado, alegre o triste por la pérdida de sus cortinas, quizás ni él podría definirlo. Sin embargo, si algo aprendió ese día cuando se sentó en el sofá y continuó su tiroteo felino entre un torbellino de maullidos de sorpresa es que un gran poder conlleva una gran responsabilidad... ¡Y muchos gatos que alimentar!
Este texto ha sucedido por culpa de la Señorita Eruriel y su pasión por los gatos ( Y quizás ayude que sea 1 de abril ).

No hay comentarios:
Publicar un comentario